Y tu te llamaras... Soledad
Lo q se encuentra haciendo limpieza en la pc:
Las múltiples soledades de la vida
La soledad es la tristeza más amarga de la vida, el desierto, el páramo; sin embargo es también un maravilloso tesoro, un bien inapreciable.
Podemos enfocar la soledad desde diversos ángulos. La conocemos como un estado de ánimo poco grato, un sentimiento de incompletud, un anhelo de estar con otro u otros. Sin embargo, podemos observar que no se trata solamente de la ausencia de compañía ya que hay personas que se sienten solas aún teniendo una pareja, una familia o estando acompañados; otros, en cambio, rehuyen la compañía y se sienten bien estando solos. Es decir, que el problema es complejo y que hay diversas clases de soledades.
Diría que un indicador de la madurez es poder estar solo, sin sentirse solo y poder estar acompañado sin sentirse invadido.
Somos seres sociales, nuestra esencia tiene que ver con la cultura, es decir con la sociedad; somos pensados antes de existir. La presencia de otros y su pensar nos condicionan. Esos otros son nuestros padres; la presión del maternaje y de la cultura nos forma y nos deforma a la vez. Nuestra maduración consiste en encontrar nuestro propio modo de sentir y pensar a través de un proceso complejo; para ello cada niño necesita diferenciarse de su madre con la que estaba fusionado y, esto implica soledad. Logra así la primera creación del ser humano creándose a si mismo de esa manera. Este proceso requiere un ambiente propicio; es imprescindible que la madre acepte esa diferenciación de su hijo, su personificación, aceptando así su propia soledad, después del estrecho contacto que tuvo con él durante la gestación y la crianza y perdiendo así la ilusión de estar acompañada para siempre. Al respecto, es llamativo que muchos padres llamen “mamita” o “papito” a su hijo, como antes llamaban a sus padres cuya presencia los protegía de la soledad.
Planteo por lo tanto la soledad como un acto estructurante del ser humano, un primer paso creativo.
Hay familias donde esto es imposible; el niño, sin la ayuda de su madre, no puede afrontar su soledad y su mismidad que se le hacen insostenibles.
Cuando creamos algo, nos replegamos sobre nosotros mismos, nos abstraemos de lo ya establecido, del mismo modo que lo hicimos en nuestros primeros años de vida, pero no se trata de una soledad penosa, es una retracción placentera que permite luego reconectarse con los demás.
Si el niño no puede afrontar ese primer paso, queda muy acompañado y acompañando a su madre, pero inhabilitado como ser pensante y anulado en su capacidad creativa. Un ejemplo de esta patología son las personas que se aburren y sienten un gran vacío cuando están solos; no pueden pensar, hacer proyectos, fantasear; se angustian y tienen sueño. Buscan algún acompañante o recurren a la televisión donde otros viven, sufren, disfrutan y piensan por ellos. Engrosan la gran masa pasiva de los que viven sin iniciativa, esclavos de las modas de turno, sensibles a las sugerencias publicitarias, tragando las noticias que los medios les proveen en abundancia.
Hay otros aspectos de la soledad, que sería interesante desarrollar en cuanto a su importancia psicológica y sociológica. Hay personas que dan al hecho de estar solas el significado de no ser queridos; es como si el niño que llevan adentro dijera: “si no me buscan, es que no me aman, si nadie se ocupa de mí, estoy solo en el mundo, me abandonaron.” En síntesis: “soy malo y feo y por eso nadie me quiere.” El amor propio herido es la clave del malestar asociado con esta interpretación de la soledad. Los que lo sienten así, y son muchos, tratan por todos los medios de estar acompañados, intentando de esa manera restaurar su amor propio. Se casan, por ejemplo y dan la imagen de estar con alguien que los ama, pero suelen elegir mal y viven más solitarios que nunca.
Asistimos a una desvirtuación del contacto humano; todo es imagen. “Si no uso ropa de onda, no me mirarán siquiera. Si no vivo en ciertos barrios o no frecuento determinados clubs, no cuento para nadie.” Es decir que no cuento yo como persona, importa sólo la imagen que doy, los atributos materiales que exhibo. La frase “pienso, luego existo” se transforma en “si soy delgado y bronceado, existo.”
Hay cada vez más gente que vive en este infernal circuito donde todo es imagen; se ilusionan con no estar solos, pero su realidad es la de no estar, sólo está su imagen, en medio de otros que tampoco están. Luchan contra el vacío y la soledad con una estrategia que podríamos llamar vaciante.
Otra patología es la de los seres que necesitan parejas o amigos de una incondicionalidad total. No se pueden comunicar con otros porque temen las decepciones o los rechazos, es decir, no ser correspondidos. Su anhelo de ese amor absoluto los lleva a entregarse por completo a un animal doméstico. Sienten que los bichitos son fieles, incondicionales, cariñosos, no guardan rencor y no abandonan a su dueño aunque tenga raptos de malhumor. El animal representa para ellos algo tan importante que su muerte les provoca una profunda depresión que en ciertos casos puede culminar en un suicidio.
Hay una soledad mucho más desesperante que las que enumeré hasta ahora; hay personas que necesitan la presencia de otro para no desintegrarse. Su identidad es tan deficiente que sin una presencia tangible que los contenga, que haga de piel, sienten que se fragmentan y “se dispersan en mil pedazos en el espacio.” La angustia, en estos casos, es tan intolerable que genera en ellos una adicción a los acompañantes.
En las adicciones a drogas, el acompañante es inanimado, pero está siempre a disposición del adicto. Le permite hacerse de una identidad inflada, con la que puede ilusionarse por un rato de no carecer de nada, de sentirse incluso poderoso.
Pensemos en la soledad de las grandes ciudades, en la soledad de los desarraigados o inmigrantes; resulta imposible dar cuenta de todos sus matices en estas líneas.
Mucha gente se pregunta si las condiciones de vida actuales, el cambio de modelo familiar en que la mujer trabaja fuera de su casa, no favorecen la soledad. Pienso que no es así, ya que la seguridad y la estabilidad que la madre procura a sus hijos no depende sólo de su presencia física, sino de la calidad de esta presencia. Si bien es fundamental el contacto del bebé con su madre, en especial durante los primeros meses de vida, hay madres que están siempre con su hijo, pero están sumergidas en sus conflictos y no son el soporte emocional que el niño necesita, pese a atenderlo en todas sus necesidades físicas; están mentalmente ausentes o sienten que se sacrifican. En cambio, hay madres que trabajan, pero al reconectarse con el hijo, lo hacen con ganas y agrado; le dan,esos brazos y esa piel que necesita para sentirse querido y deseado y, que más tarde serán las matrices de su amor propio satisfecho y le evitarán los accesos de soledad que mencioné antes. Se trata por lo tanto más de calidad que de cantidad. Gradualmente debe producirse una separación que implica huecos, momentos de soledad para que el niño aprenda a personificarse, a no seguir formando parte de ella.
Aquí entra a jugar otro factor de suma importancia, es el papel del padre, que al requerir a su mujer, ayuda al niño a discriminarse como sujeto. En las familias tipo, el padre trabaja muchas horas, llegando a casa cuando los chicos ya duermen y sólo está con ellos el fin de semana.
La sociedad acepta que el padre esté ausente y critica la ausencia de la madre; parece olvidar la crucial importancia del hombre en la personificación de los hijos. Es curioso que en una sociedad machista, ese rol paterno tan fundamental sea tan poco valorado.
El hijo sigue su idilio con la madre y se transforma en un pequeño dios omnipotente, siempre acompañado. En algunas familias, para que el padre descanse, la madre duerme con el hijo y él, en otro cuarto. En otras familias, ni siquiera usan esta excusa; plantean que no quieren que el nene sufra y buscan “la solución” en la cohabitación o el colecho (el chico duerme en la misma habitación o inclusive en la misma cama de los padres). Se trata de padres muy sensibles a la soledad y no se percatan que llevan a su hijo a repetir su propia historia.
Para terminar, haré una síntesis de las múltiples facetas de la soledad que pude enfocar aquí:
La soledad estructurante del sujeto humano que le permite llegar a ser una persona.
La soledad necesaria para poder separarse de la madre y acceder a una adecuada maduración.
La soledad dolorosa, herida de amor propio.
La soledad inaguantable, desintegrante que padecen las personas de identidad muy frágil.
La soledad de la anomia de las grandes ciudades.
La soledad de los padres cuando los hijos crecen y se separan de ellos.
La soledad de los hijos, cuando en su desarrollo necesitan el apoyo de sus padres y no se ha dado en la familia una posibilidad de diálogo y de contención.
----------------------------------------------------
O mejor te llamas la edad del sol?? XD
En: No Categorizado
Permaenlace: Y tu te llamaras... Soledad
Comentarios: 2
Leído 74 veces.

